miércoles, 13 de julio de 2016

Cronotopía al interior de un laberinto: "Cipango" de Thomas Harris. Por Lila Calderón




Cronotopía al interior de un laberinto: Cipango de Thomas Harris

Esta es la luna, viene desde Lima, 
en el Virreynato del Perú, va hacia Nueva York; 
brilló sobre un millón de mendigos en el Perú, 
 brillará sobre diez millones de mendigos en Nueva York, 
 brilla sobre miles de mendigos en Concepción de Chile. 
 Tomás Harris. 


Describir y analizar Cipango para dar cuenta de la Cronotopía que allí se establece, merece precisar que en la obra —por inestabilidad espacial y fusión de tiempos y culturas— de alguna manera la historia se repite, los escenarios se desvanecen y se perpetúan las viejas imágenes reeditándolas al infinito al representarlas en un nuevo lugar, que cambia vertiginosamente con un montaje nuevo, posible o alternativo. El lugar es o se parece a otro de ficción, sentencia que repite el hablante mientras busca un referente que lo sitúe en algún punto estable del imaginario cultural universal. La desestabilización del espacio es consecuencia del tipo de recorrido que realiza, ya que se trata de un viaje virtual y debido al dinamismo natural de este tipo de viajes, la exploración va de un punto a otro de los callejones del laberinto, traspasando puertas, encendiendo luces y volviendo a veces al punto de partida, la propuesta de la caseta de mando de la nave ofrece seductores links, que al pulsarlos para entrar a otro paisaje invalidan la opción de ocupar el lugar e instalarse para conquistarlo, de modo que la cronotopía es, a su vez, transitoria y errática.

La exploración de la nueva frontera del ciberespacio[1] ha sido observada por la literatura popular fantacientífica que la ha comparado, al decir de Gubern, con la exploración y colonización del Nuevo Mundo, “pero ahora con la ventaja de no producir víctimas humanas”. Y la peregrinación por los derroteros de lo desconocido es la razón y esencia de los laberintos y así vemos cómo en nuestros viajeros encontramos a un Colón que cree llegar a las Indias en 1492 para recoger el oro del que habla Marco Polo, y, el hablante de Cipango cree estar en Concepción, que a veces es Tebas o Tenochtitlán, Cipango o Cathay. Ambos entraron a través del viaje a una propuesta laberíntica, dada por la lectura de datos e indicios de los que se disponía hasta el presente real que habitaban al iniciar sus viajes. De tal modo, Colón no sabe que el lugar al que ha llegado es Cipango —puesto que mapas, cartas de navegación e instrumentos de lectura topográficos y astrales no permitían dar cuenta del espacio terrestre en toda su magnitud y “realidad”—, y el hablante propuesto por Harris no sabe que ha abordado un viaje virtual —ya que la tecnología existente hasta el momento de la escritura de este proyecto poético aún no operaba con las posibilidades exploratorias de la cibernética— un “no lugar” lleno de espejismos y corredores donde la razón no es buena lectora y puede perder la ruta con facilidad. Gubern dice que: “Los mundos virtuales son, en efecto, laberintos formales y no materiales. El laberinto se opone al camino recto, expedito y obvio, pues es engaño y disimulo en sus itinerarios. Y el ciberespacio, bajo su apariencia de imagen-escena envolvente, esconde un laberinto, que propone al cuerpo del operador, con cada movimiento, nuevas experiencias espaciales. Pues cada iniciativa del operador no es más que la exploración de una rama en un sistema informático arborescente, con diversas ramificaciones derivadas, como ocurre en la exploración del hipertexto”.[2] Es posible, sin embargo detectar en el mundo poético de Harris, una cronotopía que —mayormente delatada por el hablante—, se verifica en Concepción, América, fundida a la ilusoria tierra de Cipango. En su discurso el poeta sitúa la exploración en la ciudad de Concepción, en los años ochenta, bajo las luces falsas de la noche, mientras recorre, es absorbido o conmovido por los ecos de la historia en la memoria colectiva: “La carta se nos desplegaba,/ entrábamos en esos oscuros barrios, La Libertad,/ el Cerro La Cruz, la Plaza Isabel La Católica:/ la carta desplegaba sus señas,/ pasos, sombras, sirenas, fragancias,/ a miasma, a aceite, a ceniza, a culo, a luz./ Nos abríamos camino machete en mano,/ tajando culos,/ destasando tetas,/ talando araucarias./ A vista de tanta carne latiente, luz roja, humo,/ sol pegajoso,/ estábamos cada vez más necesitando./ Lo narrado transcurre en una ciudad/ al Sur del Mundo”. (“Las islas de arena”, Pág. 77). Por su parte, Soledad Bianchi dice que “mientras Colón utiliza las cartas para ubicar y describir las nuevas tierras con la mayor precisión posible, en “Las islas de arena” —cuyo título se apropia de una de las denominaciones dadas por el navegante genovés—, el cronista contemporáneo constata imprecisamente que: Lo narrado transcurre en una ciudad/ al Sur del Mundo, aquella que por sus calles, por sus plazas, por sus lugares, puede reconocer: “¿Dónde estamos? Preguntó alguien. Yo sabía que estábamos en Concepción, en ninguna parte; la ciudad era la pantalla del miedo, habíamos avanzado algunas leguas al Oeste, por Concepción, hacia ninguna parte”. (“La corriente nunca nos dejó llegar a ella”, Pág. 89). Bianchi agrega que “este hablante-fundador de la localidad y del poema, quiere dar a conocer lo que él mismo conoce: la ciudad, su ciudad, y a pesar de que la menciona y la describe, la sitúa con vaguedad pues su interés básico es notar y advertir las condiciones de esta urbe deteriorada, decadente, pobre, violenta, que, a pesar de llamarse Concepción y de ubicarse en Chile, podría corresponder a cualquier otro barro barrio sudamericano”.[3] Harris dice con respecto a su idea de ciudad: “Para mí, el centro, la ciudad, se reducía a un mínimo, estoy siguiendo una idea de Severo Sarduy, de que en las ciudades contemporáneas el centro se va desplazando cada vez más por múltiples centros más bien marginales, el centro se pierde y se pierde lo inteligible de la ciudad, entonces los códigos ya no sirven y hay que inventar otros para encontrarse en este espacio ininteligible. La ciudad que se crea finalmente es una ciudad textual”.[4] Pero, Harris dice que Tebas —una de las ciudades donde desemboca el laberinto—, es la ciudad del castigo, una especie de matriz trampa, donde se está volviendo siempre y que el “centro” de Concepción, de Tenochitlán, Catay o Argel, termina en Tebas que es la ciudad de la tragedia, del desastre, es el espacio sin salida, el espacio de la destrucción, es el espacio del caos”.

Así, ante el extrañamiento que produce asombro en el hablante y ante la posibilidad de fundar y dominar un espacio que se abre prometedor ante sus ojos, escribe: “Y entrábamos en las desconcertantes urbes/ destas desorientadas latitudes/ y no dejábamos hoyo fisura gruta caverna/ sin desflorar/ llanura/ sin zanjar/ espacio sin fundar/ falda blusa calzón media/ sin oler o besar/ rojos/ como si diéramos a unos corderos/ metidos en sus apriscos/ a corderas/ amuralladas en sus falsas ciudades:/ Bataille dixit la violencia es silencio/ la violencia habla, silencio, / no sabemos bien,/ pero nosotros hablamos con el espejo,/ machete en mano,/ verga en mano,/ por el poniente del Mundo”. (“Mar de los besos rojos”, Pág. 79). Algunos lugares emblemáticos para el hablante han sido recuperados desde la ciudad real de Concepción, tal es el caso del Hotel King: El horror te inventa el Hotel King el/ baldío de Orompello te inventa una cárcel/ oculta al otro extremo de La Concepción (…) la vida y la muerte en cada Zona de Peligro/ el horror te inventa el horror no / se inventa rojo a rojo sangre a semáforo/ a cuerpo a cuerpo rasgado desflorado hasta la/ muerte acá al Sureste de La Concepción/ del Imperio de este baldío donde no se/ pone el sol una larga y angosta faja/ de muerte sin oasis para detenerse a respirar/ jadear estás en el centro mismo/ de las orgías de tu corazón Hotel King/ muros adentro lo mismo ayer hoy/ el año de mil quinientos y veinte fue un / gran tirano muy de propósito y con mucha/ gente sin temor alguno de Dios/ ni compasión de humano linaje. (“Zonas de peligro”, Pág. 49). También el barrio de Orompello está representado aquí, marcando una cronotopía fundamental: “algunas escenas eran soberbias/ como el éxodo de las putas de Orompello/ por edicto municipal/ a Prat/ a las márgenes del río/ a los eriazos junto al Cementerio/ General (…) pero rodeaban Orompello guardias armados/ y alambradas de púas para resguardar el éxodo/ sobrevolaban helicópteros/ aves taxidérmicas/ la escenografía se había transformado de una vez/ estábamos en Tebas/ pero tanta suntuosidad, Almirante, te produce chancro/ tanto deseo abolido, oscuros vacíos hacia el final/ del pensamiento, pero/ una lacerada procesión como ésta en pleno Siglo de las Luces/ o de oro/ o da lo mismo,/ estas urbes del Sur/ te acaloran, te enferman la imaginación”. (“Mar de la necesidad”, Pág. 75).

Calles y lugares de Concepción son marcas con las cuales el cronista de Cipango da cuerpo al mundo que construye a la manera de los cronistas fundacionales y de los cuales, Alonso de Ercilla es referente, especialmente en este punto, donde Harris hace el cruce con la información contenida en ella respecto de los sucesos históricos ocurridos en Concepción. En el Canto VIII de La Araucana, encontramos en la síntesis capitular de Ercilla que: “Llegan los españoles a la ciudad de La Concepción hechos pedazos, cuentan el destrozo y pérdida de nuestra gente, y vista la poca que para resistir tan gran pujanza de enemigos en la ciudad había, y las muchas mujeres, niños y viejos que dentro estaban, se retiran en la ciudad de Santiago. Asimismo en este canto se contiene el saqueo, incendio y ruina de la ciudad de La Concepción”. En el canto se menciona al río Bío Bío: “Los nuestros, del temor más aguijados,/ al entrar de la noche se hallaron/ en la extrema ribera de Biobío,/ adonde pierde el nombre y ser de río./ Y a la orilla un gran barco asido vieron/ de una gruesa cadena a un viejo pino:/ los más heridos dentro se metieron,/ abriendo por las aguas el camino”. Harris, por su parte establece el cronotopo al decir: “Este es el puente de Brooklyn/ sobre el río Bío Bío, el de los lagartos/ venenosos./ Y este es el barro,/ mezcla de agua y de lluvia,/ mezcla de tierra y/ de baba animal,/ de tierra y desagües,/ de tierra y de sangre”. (“El puente sobre el Bío Bío”, Pág. 48). Posteriormente, el hablante desafía: “No me van a decir ahora que esa mole que tacha/ el Bío Bío es el puente de Brooklyn que los/ muertos de mil novecientos setenta y tres/ eran un teatro de sombras exhibidas al nivel de/ las aguas sombras chinas rebasando las márgenes/ o quizá sombras chinas se ha perdido la medida/ de las cosas en esta ciudad sudamericana”. (“Zonas de peligro (Final)”, Pág. 50). El río, es un lugar donde a la vez el hablante pone en escena acontecimientos políticos de los años 70 y que forman parte de la historia oscura de Chile. Por otro lado, Ercilla narra el incendio final de la ciudad de Concepción: “Era cosa de oír dura y terrible/ de estallidos el son y grande estruendo;/ el negro humo espeso e insufrible,/ cual nube en aire, así se va imprimiendo:/ no hay cosa reservada al fuego horrible,/ todo en sí lo convierte, resumiendo/ los ricos edificios levantados/ en antiguos corrales derribados”. El cronista de Cipango evoca el episodio: “Atrás toda la ciudad ardía en un crepúsculo turbador/ e interminable, todos los luminosos de la ciudad/ chisporroteaban (…) se escuchaban las crepitaciones de ese incendio terrible/ crujiendo por todas las calles,/ abrazando postes y árboles,/ cuerpos y callampas;/ pero como todo transcurría en el Hotel King –dijo alguien/ las llamas no nos podían alcanzar”. (“Hotel King III”, Pág. 47). En La Araucana Ercilla, expresa una épica donde son convocadas estéticamente las dos tradiciones culturales y que marcan un antecedente para el realismo mágico, que posteriormente rescatará literariamente lo extraño de la experiencia cotidiana de Latinoamérica: personajes, costumbres, paisajes y sucesos que se enmarcan en el tiempo, descritos, desde ese Item perspectiva.[5] El cronista de Cipango recurre también a Colón por la confusión respecto del nuevo territorio hallado. Colón escribe en su Diario el 21 de octubre “luego me partiré a rodear esta isla fasta que yo haya lengua con este rey y ver si puedo haber de él oro que oyo que trae, y después partir para otra isla grande mucho, que creo que debe ser Cipango (…) Mas todavía, tengo determinado de ir a la tierra firme y a la ciudad de Guisay y dar las cartas de Vuestras Altezas al Gran Can y pedir respuesta y venir con ella”. El hablante de Harris dice en cambio: “Estábamos en Cipango la tierra del Can (…) última Thulé de todos los deseos y todos los castigos,/ brilló el oro,/ los ojos comenzaban a hacerse materiales,/ anochecía en Cipango. (“Cipango”, Pág. 104). El cronotopo es ahora Cipango que luego muta a Concepción al decir: “Aparecí en/ la calle Pedro León Gallo; había baldíos/ por todas partes, fierros viejos, rieles, huellas,/ niños en desnutrición:/ a la izquierda de mi cuerpo, de mi dolorido sentir,/ había un túnel, rojo,/ gruta vulva socavón o cueva/ las nubes descendían al nivel de mi cara,/ un perro negro metía y sacaba la lengua,/ amanecía en Concepción. (“Mar del dolorido sentir”, Pág. 85). Una cronotopía dinámica propuesta por el viaje al interior del laberinto, un espacio transitorio y fugaz que se abre para ser recorrido a través de los hilos de la red ciberespacial que envuelve al mundo. Pasillos invisibles sostenidos por cables, conectores, paralelos y meridianos poderosamente virtuales que comunican instantáneamente la mente universal.


* * * 
 Notas 
 [1] La palabra ciberespacio fue introducida por el escritor William Gibson en su novela fantacientífica Neuromancer (1984), quien dijo que era “una alucinación consensuada”, ya que “no es realmente un lugar”. El ciberespacio es un espacio conceptual. 
[2] El hipertexto, dice Gubern con sus opciones arborescentes, traduce, “en lenguaje informático y con fines enciclopedistas, los caminos diversificados de un laberinto intelectual. La RV ha trasladado esta estructura informática laberíntica al campo de la sensorialidad y de la aventura topográfica”. 
[3] Bianchi, Soledad. Ibid. 
[4] Entrevista a Tomás Harris, en Revista Virtual Mar afuera, por Damaris Calderón. 
[5] Palabra latina que significa mirar a través. 

 * * * 
 Bibliografía 
 - Anzoátegui, Ignacio B. Cristóbal Colón. Los cuatro viajes del Almirante y su testamento, Editorial Espasa-Calpe, S. A., España, 1991. 
- Augé, Marc. Los no lugares, Editorial Gedisa, España, 2004. 
- Bianchi, Soledad. Descubrimientos y conquistas de intertexto en la poesía chilena actual, Cartas de Don Pedro de Valdivia, Ed. Quinto Centenario, Ed. Andrés Bello, España, 1991. 
- Calderón, Damaris. El tópico del viaje y la ciudad sagrada (soñada) en Tomás Harris, (Cipango). Sitio Virtual: http://www.letras.s5.com/dc310507.htm 
- Colón, Cristóbal. Textos y documentos completos, Alianza, Madrid, 1984. 
De Ercilla y Zúñiga, Alonso. La Araucana, Ed. Ramón Sopena S.A., España, 1974. 
- De Sahagún, Fray Bernardino. Historia General de las cosas de la Nueva España I, Dastin S.L., México 2002. 
- Díaz del Castillo Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Editorial Porrúa S. A., México, 2003. 
- Galindo V., Oscar. Neomanierismo, minimalismo y neobarroco en la poesía chilena contemporánea. Estud. filol., sep. 2005, no.40, p.79-94. ISSN 0071-1713. 
- Genette, Gérard. Palimpsestes. París Du Seuil, 1982. 
- Genette, Gérard. El discurso del relato Figuras III, Editorial Lumen, Barcelona, 1989. 
- Goodman, Nelson. Los lenguajes del arte, Editorial Seix Barral, S.A. España, 1976. 
- Gubern, Roman. Del bisonte a la realidad virtual, Ed. Anagrama, España, 1996. 
- Harris, Tomás. Cipango, Editorial Fondo de Cultura Económica, Santiago, Chile, 1996. 
- Pfeiffer, Johannes. La Poesía. Hacia la comprensión de lo poético, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1966.

Microdocumentales: Lautaro Labbé

lunes, 7 de diciembre de 2015

martes, 2 de junio de 2015

ESTRELLA Y EL CALEIDOSCOPIO de Lila Calderón


ESTRELLA Y EL CALEIDOSCOPIO
 de Lila Calderón
Presentación 
 María Loreto Mora Olate
Universidad del Bío-Bío

“Chillán Poesía”. Sala Schäfer, Centro de Extensión, Universidad del Bío-Bío, Chillán, 22 de abril de 2015.




 .. .. .. .. .. .
Busco si se me quedó una página enredada, pero no, la historia llegó a su fin en el capítulo nueve…¿Es idea mía o es curioso que una novela no termine en un capítulo par?  Y mientras cierro el libro, con un nudo en la garganta,  miro el paisaje de la carretera cinco sur que separa mi tierra de la infancia y adolescencia, con este Chillán mío de la adultez. Y en este punto, me uno a la voz de Luis, protagonista de  “Estrella y el caleidoscopio” (2013, Zig-Zag) en su regreso, a través de este viaje en racconto, a su patria íntima de la niñez, que fue visitada por Estrella, nombre emblemático de la misteriosa y bella  niña gitana. Por alguna razón, el protagonista tiene conciencia que su testimonio puede resultarnos inverosímil y dice:  “todo lo que recuerdo de Estrella, es cierto, porque lo tengo escrito y dibujado en un cuaderno. La conocí hace muchos años, pero aún conservo el dibujo de la primera vez que la vi”
Cómo olvidar a una niña gitana con un vestido de velos de distintos colores, que peleaba con el viento porque le volaba la falda! Era como un espejismo que se balanceada entre la tierra y el sol de ese pueblo árido, seco y caluroso ¿Y si era solo yo quien la veía?(p.8).
En este viaje interior los jóvenes lectores, se encontrarán con una infancia que hoy escasea, ya que la de Luis transcurre en una aldea que goza permanentemente de una tranquilidad como de un domingo por la tarde,  con niños que ocupan el espacio público de la calle, para entretenerse en juegos como jugar a las escondidas, a las bolitas, al trompo, a contar historias de fantasmas;  permaneciendo inocentes de varios avances de la ciencia y de la tecnología, sin electricidad y sin imaginarse que el resto del mundo disfruta del séptimo arte. Con casas que mantenían sus puertas abiertas, sin miedo al otro, una realidad que se ambienta en algún pueblito de aquellos que aún quedan escondidos en nuestro país.
Por eso, la llegada de los gitanos rompe aquel equilibrio, y el relato pone en evidencia los arraigados prejuicios que la sociedad chilena ha manifestado acerca de esta etnia, más bien los adultos, cuyos discursos los niños replican; así Francisco, en relación con los gitanos afirma: “mi mamá dice que son los mismos que vinieron hace unos años, cuando yo era chico y…que traen cajas de magia…dicen que ven la suerte con cartas de naipes y que tienen una bola de vidrio donde se ve la fortuna y el más allá. Y que saben todo lo que te va a pasar en el futuro….” Ahora leemos la voz de Pedro: “Mi papá dice que traen cosas muy raras y que hay que tener cuidado, pero que está bien que vengan, porque le dan color y vida al pueblo”, dice Pedro. Si recordamos, en “Cien años de soledad”, es también un gitano, Melquíades, quien actúa como portavoz de las novedades; si en el pueblo de Macondo fueron  los imanes y el hielo, en este pueblo sin nombre, lo que marca un punto de quiebre es la llegada del cine.
Aquí Lila Calderón, luce su faceta audiovisual y construye con delicadeza y con notas de humor, el relato de los incrédulos y hasta confundidos habitantes de pueblo, quienes nunca en su vida habían escuchado siquiera, la palabra “cine”; el protagonista rememora el asombro de la primera función así:
Lo más impresionante de la película sucedió cuando se encendió fuego durante una fiesta nocturna; era tan real, que parecía que se incendiaría todo en unos segundos. Tanto, que una señora del público se levantó y fue a ver detrás del telón si no saltaban brazas que pudieran pasarse a los maderos de la cerca o a la ropa de la gente. Alguien gritó que los gitanos iban a incendiar el pueblo con el cine” (p.66).
Nuestra autora, alejándose del relato ramplón y moralizador de la literatura de antaño, no solo rompe con los prejuicios hacia los gitanos, más bien legitima la voz de este grupo humano, situándolos, más allá de la novedad y de la superstición, sino como fuente de conocimiento, ya que son ellos quienes nos relatan cómo surgió el cine, explicando su funcionamiento, casi con un  saber enciclopedista.
Son los gitanos también, cuales mediadores culturales, los encargados, por una parte, de acercar la civilización a los habitantes del pueblo, y por otra, de dar vida a la narración oral de relatos de su literatura vernácula,  como “Drácula” y la narración de las películas.  Este recurso del relato dentro del relato y el guiño intertextual, corroboran el empoderamiento de la voz  gitana. No obstante, y sin caer en una postura maniqueísta, nuestra autora no olvida la contracara y también aparece la voz del prejuicio y la desconfianza:
-Son húngaros-dijo la señora María, la mamá de Anita (…) seguro que algo nos van a pedir, ya sea agua o azúcar o cualquier cosa que se les antoje.
-¿Entonces si son húngaros no son gitanos?-preguntó Luis intrigado (…)
-No sé. Pero don Pepe dice que andan siempre de pueblo en pueblo, que así viven (…)
-¿No será que ahora vienen a quedarse para siempre, porque ya no tienen espacio en su tierra? –preguntó Francisco, muy preocupado- ¿Qué pasaría si empiezan a venirse así los húngaros y se quedan aquí y nos arrinconan y después nosotros tenemos que irnos a vivir en las carpas de ellos y ellos se quedan en nuestras casas… (p.14).
Dicho de otra forma, el relato pone en tensión dos culturas, por una parte,  develando nuestros prejuicios frente al otro, y por otra, nos  hace ver la realidad multicultural que nos hemos negado como país, y que actualmente la llegada creciente de inmigrantes pone como un  desafío social. Aquí está el caleidoscopio que recibimos de regalo por parte de Estrella, una clave de lectura ya instalados en el contexto del aula escolar, donde el texto literario funciona como elemento mediador intercultural, porque la lectura literaria viene a favorecer procesos educativos críticos frente a las actitudes discriminatorias, estereotipadas e intolerantes; estableciendo un puente entre culturas, que “contribuye a superar y abrir nuestro juicio crítico sobre los demás y nos abre a la aceptación de la diversidad”( Malik, B. y Sutil, M. 2013).
Y el relato novelesco, sin recurrir a una instrumentalización moral, naturalmente la evolución de los personajes, derivan en la aceptación mutua: “Con el paso de los días los gitanos comenzaron a hacerse amigos de todos los que habitábamos en el pueblo. Se acercaban hasta nuestras casas, ya sin temor alguno de ser rechazados, para ofrecer vernos la suerte o contarnos películas que se proyectaban en otros países. Ya nadie hablaba con desconfianza de ellos y mi mamá, que nunca había tenido prejuicios, ayudó a que se iniciara una buena convivencia con estos singulares visitantes” (p.80)
El nombre de Estrella, ya aporta con el carácter emblemático del personaje: la figura principal del espectáculo circense, el primer amor,  y a pesar de su paso fugaz, dejó una especie de polvo de estrellas, que cual miguitas de pan como en “Hansel y Gretel”, marcaron el destino vocacional de Luis con el caleidoscopio, el  particular regalo que recibió por parte de la niña. Asumiendo la paradoja, en ese sentido, la niña romaní  fue una estrella perenne para Luis aún en su adultez.
Los lectores podrán descubrir que Luis y Estrella, nunca hablaron solo intercambiaron miradas y un obsequio, un amor platónico en ese tránsito de la niñez a la adolescencia, tema que pareciera estar un tanto ausente en la literatura chilena para los no tan niños. Me atrevo a decir que existe cierta deuda con aquellos lectores  que están en dicho tránsito, más aún en tiempos donde la pulsión social insiste en acortar la infancia. En la actual oferta literaria hay un salto brusco entre los relatos de fantasía pura propios de la niñez y las historias de amor entre vampiros, de jóvenes que batallan contra una enfermedad, que los adolescentes devoran.
Por eso estimo, que la novela  “Estrella y el caleidoscopio”, viene a llenar dicho vacío generacional y temático, al abordar la temática del amor platónico, en las postrimerías de la infancia, desde una focalización de la remembranza, pero que a la vez, pone perspectiva  al niño/a lector que hoy vive esa experiencia de amor, y que formará parte del tesoro del recuerdo de la adultez de un hombre.
En este punto, percibo una ruptura del estereotipo aún arraigado en nuestra sociedad machista, en cuanto a educación emocional se refiere: la autora construye a un Luis adulto que nos habla de sentimientos, de emociones, evidenciando una memoria emotiva, casi romántica, que se permite este recuerdo íntimo, sensible, abriendo así una puerta a nuestros  lectores preadolescentes. No solo las mujeres tienen en determinada época un diario de vida, Luis también lo tuvo y lo conserva, quizás como muchas de nosotras. Como animador de la lectura observo que aquí se abre pretexto de diálogo con los adultos mediadores de la lectura, padres, profesores, bibliotecarios, cómo fue su experiencia de niñez, de las primeras ilusiones amorosas, de aquellos amores libres de la imagen comercial.
Sin duda que este relato novelesco abre un espacio para la narración del mundo interior en ebullición de Luis, donde todo preadolescente se sentirá identificado frente a esta sensación nueva del amor:
No podía dejar de mirar a la gitanilla que se peleaba con el viento, cubriéndose los ojos y bajándose la falda, tratando de arreglarse el pelo largo y tan negro como una noche de invierno (…) y yo me preguntaba cómo serían sus lágrimas. En ese momento no lo supe, quizás algún día lo descubriría…Había algo en ella que me llamaba  la atención y no podía quitarle los ojos de encima”. (p.10)
Es destacable que la novela también aborde el amor adulto, representado por la madre de Luis y el tío Guillermo, amor mirado con los  ojos de hijo un tanto celoso, relatándolo así: “El asunto es que a mi mamá le había comenzado a parecer tan simpático el tío (Guillermo) que ahora preparaba dulces y postres nuevos para cuando él nos visitaba… Risas iban y venían y yo no podía evitar que algo me molestara. Nina me dijo que yo estaba celoso y me hizo ver que los dos estaban solos y que todavía podían pensar en compartir una bonita amistad, que al final nos haría bien a todos”. (p.78)
“Estrella y el caleidoscopio” al poner sobre la mesa el tema intercultural, podemos ubicarla en la línea realista de la Lij latinoamericana, donde el especialista Luis Cabrera Delgado destaca que en género narrativos se pueden distinguir “particularidades en el orden temático-argumental” tales como el tratamiento de problemáticas sociales y la migración. Es así como,  Lila Calderón enfrenta al lector en tránsito hacia la adolescencia, con la verdad de lo cotidiano, poniendo en valor la naturalidad de la existencia de los matices de los pensamientos y sentimientos de los personajes que construye; y por qué no decirlo, rompe con el horizonte de expectativas del “final feliz”, al que nos tenía acostumbrados el antiguo paradigma de literatura para niños. 
Por el contrario, nos vemos enfrentamos a un final abierto, con algunos nudos que no se han resuelto, tal como en la vida misma.


Durante la presentación


* * *

Referencias
- Cabrera, Lui. (2010) Panorama actual de la literatura infantil y juvenil en Latinoamérica. Actas del Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil, Santiago de Chile, 24 al 28 de febrero de 2010. Fundación SM. 225-225. Recuperado de http://www.fundacion-sm.com/ArchivosColegios/fundacionSM/Archivos/LIJ/132195_ACTAS_primera%20parte.pdf
- Malik, Beatriz y Sutil, Inmaculada. (2013). Comunicación intercultural y literatura en contextos educativos. Diversidad. Revista de estudios interculturales, 1, 40-63. Recuperado de http://www.uned.es/grupointer/COMYLITERATURA_malik_sutil_13.pdf
 





Proyecto Patrimonio— Año 2015  
A Página Principal
 | A Archivo Lila Calderón A Archivo de Autores |

www.letras.s5.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
ESTRELLA Y EL CALEIDOSCOPIO de Lila Calderón.
Presentación de María Loreto Mora Olate